Para realizar una cata de vinos, es fundamental elegir el momento ideal y hemos de tener en cuenta el lugar, las ganas, estado del cuerpo....
En cualquier caso hay una serie de ideas que podemos tener en cuenta al planificar el momento de la cata:
-El hambre incrementa la sensibilidad de nuestros sentidos. En este sentido la sensibilidad del catador será mayor antes de comer que tras la comida. Además, tras la comida, el valor de la cata, se puede ver disfrazado, digamos.
-Con el estómago lleno y en pleno proceso de digestión no prestaremos la misma atención a nuestros sentidos, ni la mente tendrá la misma predisposición, y posiblemente no seamos capaces de captar la totalidad de los aromas que el vino nos ofrece. Comidas saladas o muy especiadas enmascaran los sabores. Si la comida ha sido copiosa el caso es aun peor pues posiblemente estemos empezando a luchar contra una cierta somnolencia y no seremos capaces de prestar la debida atención.
-Una buena hora para llevar a cabo la cata de un vino podemos situarla entre las 10 y las 12 de la mañana y es importante, como sabemos, el estar en un ambiente adecuado, sin temperaturas altas u olores fuertes.
-Un buen rato antes de la cata conviene abstenernos de tomar café, fumar, o tomar licores. También debemos evitar entrar en la sala de la cata mascando chicles, o con la boca recién cepillada con dentífrico. La idea siempre es la misma: evitar cualquier elemento que pueda enmascarar sabores o aromas.
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